Cultivar la humildad sin que se transforme en nuestro enemigo

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En varias ocasiones de mi niñez y adolescencia las personas alababan una de mis características: la humildad, esa característica que no nos convierte en seres prepotentes que nos vanagloriamos por nuestros éxitos, logros y conocimientos. Siempre he reconocido a la humildad como un valor que todos debemos cultivar. Después de todo lo que somos y tenemos es fruto de circunstancias, suerte, y esfuerzo, pero no más que el de otros que quizá les ha faltado uno de esos factores y no por ello deben ser despreciados o “mirados en menos”.  Eso es para mí el concepto de humildad.

Sin embargo no siempre fue así. Hasta hace no muchos años parte de esa característica que me distinguía no era solamente producto de una toma de conciencia de valores internos, sino que principalmente se debía a una baja autoestima, reforzada por la timidez que desde niño me acompañó. Así, no es difícil ser humilde. Después de todo no contaba con la personalidad suficiente como para hacer gala de lo que hacía, siempre preferí esperar a que fueran los demás quienes reconocían mis logros personales ¿Era entonces realmente humildad, o solamente falta de confianza en mí mismo? Ahora puedo asegurar que siempre fue lo segundo.

Existen personas en la vida que dicen quererte, apoyarte y ser parte de tu escenario diario. Esas personas tienen una gran influencia en tí, en lo que eres y en quien serás en el futuro. No importa la edad que tengas ni tampoco el camino recorrido… la experiencia adquirida. Siempre “esa persona” será un imán en tus decisiones, lo que ella piense o quiera será un factor fundamental en cómo actúes frente a cada circunstancia, y eso es porque esa o esas personas nos importan y después de todo lo que hacemos lo hacemos por nuestro entorno más cercano (familia, pareja, hermanos, amigos, etc.). Lo importante es abrir bien los ojos y darse cuenta si esa persona es un imán positivo o negativo, pues muchas veces puede dañar seriamente tu autoestima, y esos signos en ocasiones son difíciles de reconocer.

Es importante compre mantener la humildad y darse cuenta que lo que se es y lo que se tiene son parte de lo que merecemos como personas, pero también hay otros que lo merecen y no lo han podido tener, o no han podido ser. Cuando se acepta esto, estamos en condiciones de vivir en armonía con ellos, y con nosotros mismos.

En lo profesional pude comenzar a surgir recién cuando me desprendí de personas que, a pesar de pretender ayudarme, me hacían un daño que parecía irremediable. La destrucción de una autoestima que me había costado años construir vino de la mano por sus creencias, y no las mías. Mi espíritu emprendedor fue sepultado junto a sus prejuicios y su afán por la seguridad de un empleo remunerado, luego de que durante toda mi vida surgí como emprendedor, creando valor y empleo. Cuando permití que esta persona se acercara a mi, con las mejores intenciones en todo caso, jamás imaginé que su supuesta seguridad se basara en destruir los sueños de los demás y querer acomodar a las personas a su mundo, sin permitir el surgimiento de otro mundo paralelo a ella.

Al dejar que otras personas influyan en nuestras vidas, estamos afectando positiva o negativamente todo nuestro futuro y sin vuelta atrás. Cuando una persona que no es precisamente extrovertido permite que sea otra persona quien con sus opiniones y comentarios influya tan fuertemente en sus decisiones, está dando un paso definitivo en su vida al permitir que, por falta de carácter, se derribe lo que ha costado construir.

Al momento de descubrir esta realidad es posible desprenderse de relaciones que, en términos emocionales son positivas pero en lo concreto terminan por menoscabar tu autoestima hasta que la palabra humildad se convierte en tu única característica humana.

Por eso el título de este artículo, Cultivar la humildad sin que se transforme en nuestro enemigo. La humildad es un valor, y lo sigo sosteniendo. Pero debe ser utilizada como tal, y no como un arma que no te permita surgir, salir adelante con tus metas y objetivos. Recién cuando pude desprenderme de los elementos que me habían frenado por años, fui capaz de continuar hacia adelante y arriba. Lo más destacable que me ha llamado la atención es cómo he podido destacarme en la industria para la que trabajo, siendo requerido para muchas actividades relacionadas y, lejos de sentirme agobiado, puedo crecer… humildemente.

No permitas que nada ni nadie convierta tu humildad en tu enemiga, es un valor humano precioso que debe utilizarse para el crecimiento personal, y jamás debe ser convertida en un arma contra tu autoestima.

¿Ya eres padre o madre? Y si no lo eres aun, probablemente lo serás en el futuro. Ocúpate de mantener el autoestima alta en tus hijos y niños que te rodean, enseñándoles humildad, y te puedo asegurar que en el futuro serán, probablemente, personas felices y realizadas.

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en abr 18 2012. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0.

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